jueves, 24 de noviembre de 2011

Regalos

Nos aproximamos a una época peligrosa, para la autoestima y el bolsillo.
Me refiero como no, al mes de diciembre, que aparte de la ingesta masiva de calorías nos despide el año con numerosos regalos en ambas direcciones, dar y recibir.
Si encima has nacido en una familia de centauros y cabras, la cosa se complica.
Por lo que yo, ya he empezado a hacer mis listas.
Cuando hago un regalo, pido que cumpla tres máximas:
Primera, tengo en cuenta los gustos personales del sujeto.
Segunda, el regalo ha de llevar una parte de mi, tienen que verme reflejada en ese objeto.
Tercera, en cuanto al presupuesto más vale ser cabeza de ratón que cola de león.
Hasta aquí todo va bien, puedes acertar mas o menos pero en cualquier caso sólo tu cartera ha notado la merma.
Lo que realmente puede tocar tu autoestima es recibir regalos.
Ese pijama superelástico de la talla XXL, esa crema antiarrugas, nutritiva y regenerante para pieles maduras ,ese libro de artesanías polacas o una preciosa batidora para añadir a tu colección de 5 batidoras.
Pero si es mucho mas sencillo.
Yo en cuanto a regalos, soy una rubia al uso, no te importe ser clásico, pero por favor algo que brille, huela o suene bien.
Y con que suene bien me refiero al motor del avión rumbo a Marrakech y no al cable con entrada USB, que dará mejor nitidez al sonido de la Play.
El problema es que cara he de poner cuando abro un precioso regalo poliédrico, del tamaño de media caja de zapatos, con profusión de lazos dorados y papel tornasolado.
Y descubro que se trata de una base Dock para discos duros con una super memoria externa de 128 GB.
Lo siento, seré una antigua, pero prefiero una flor.

1 comentario:

j. l. mera dijo...

Tomo nota.
Nada que se enchufe.
Nada que vaya a pilas.
Pues tu te lo pierdes, jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

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